Hay una raza vil… decía Martí

Hace unos días, la mamá de una compañera de mi hija envió un video al grupo de mamás del curso. Era un programa de Miami, de esos tipo El Show de Cristina, donde una rubia exuberante presentaba en un “panel de expertos” a una “reconocida” psicóloga que “analizaba” la relación padres-hijos de nuestro tiempo.

Al principio no supe si era de verdad o se trataba de la versión femenina y moderna de Cantinflas. Después me di cuenta, para mi horror, de que hablaba en serio, pese a un muy bien estudiado desparpajo, salpicado de genuinas obscenidades en plena televisión internacional.

La profesional de la conducta no hizo el menor esfuerzo por ocultar o disfrazar ni su resentimiento hacia los niños ni el odio que se le salía hasta por los poros en los momentos en que subía ligeramente su tono emocional. Su brillante conclusión fue que los padres somos demasiado permisivos y no somos capaces de ponerles límites a estas “cosas” (no llegó a usar esa palabra para referirse a los niños, pero tampoco hizo falta) que nos impiden a nosotras, las mujeres, disfrutar la vida, relajarnos, realizarnos y ser “nosotras mismas”.

Después de terminar de ver, a duras penas, tan estelar intervención me vi en la necesidad de dedicar las siguiente 20 horas a traducir y subtitular el video que te presento a continuación, en un intento de autoexorcizarme. Funcionó en parte. Aquí lo tienes.



Sucede que previo al incidente del “panel de profesionales”, había recibido un email con la buena noticia de que mi hermana venía de visita al país, con su esposo y su hijo de dos años. Adjunto venía el itinerario electrónico con los nombres y apellidos de los dos pasajeros adultos y algo más, indeterminado, que se nombraba con dos apellidos, pero sin nombre. No creí que se refiriera a mi sobrino. No parecía ser un niño, al menos no en mis términos, ni ninguna otra clase de pasajero. Por supuesto que tampoco era una maleta, es sabido que las maletas no llevan apellidos…. pero no llegué a enterarme de lo que era. Tal vez era algo que ni siquiera cuenta como asiento en un avión.

Bastante más atrás en el tiempo, una vez mi ginecólogo escapó por un pelo de una muerte segura. Según los usos y costumbres de su profesión, se refirió a mi hijo (quien aún no había nacido) como “el producto”. Fue como si me hubieran apretado el botón de KILL-KILL-KILL-KILL… Me fui poniendo verde, se me engrifaron los pelos y los ojos se me inyectaron en sangre. El vestido de maternidad no alcanzó a romperse, ya que naturalmente era bastante holgado. En ese instante fue que intervino, justo a tiempo, mi paciente y comedido esposo.

Entre este último episodio y el de el “panel de expertos” han ocurrido decenas.

Para ellos –los mismos ellos del video que (espero) acabas de ver– los seres humanos somos animales… ya sabes, los perros de Pavlov. Y para ellos, los niños…. bueno, los niños no alcanzan siquiera la categoría de humanos.

Hay varias corrientes de “pensamiento” sobre el particular. La peor es la que busca simplemente desaparecerlos del mapa, drogándolos, como muestra el video. La siguiente peor afirma que los niños se vuelven humanos con la mayoría de edad, cuando ya pueden responder ante la sociedad por sus actos (léase cuando ya se les puede enjaular como al resto de nosotros, fieras salvajes, dueños de los peores instintos, cuestión genética incuestionable, científicamente comprobada por un estudio creo recordar que europeo, probablemente alemán…)

Y así, cada corriente va disminuyendo la edad hasta llegar, curiosamente, a pronunciamientos de tipo legal. El récord me parece que es de tres o cuatro meses después de la concepción; sí, creo que es algo así: los niños son humanos a partir de la semana 16. ¡Ufff qué alivio! Antes de eso, se les puede hacer y deshacer cualquier cosa: envenenarlos, licuarlos y aspirarlos antisépticamente, trepanarles el cerebro con una percha de ropa… el catálogo, como sabes, es bastante amplio. No importa, no te preocupes, estás en todo tu derecho, no califican todavía para humanos, así que tampoco para animales.

Desde las líneas aéreas hasta la sociología, pasando por leyes, médicos, programas femeninos, revistas para la mujer moderna, el sistema educativo, el feminismo y algunas iglesias, las personas y las instituciones están empapadas de las teorías que del Gran Profeta Wundt heredara Pavlov; de Pavlov, Segismundo; y de Segismundo, todos los demás; hasta llegar a al-Zawahiri (mano derecha, entre otras cosas, de Bin Laden), Karadzic y muchos otros, no por menos notorios, menos “efectivos”.

Al final, me puse a sacar cuentas y descubrí que 1879, año en que el Wundt fundara el primer laboratorio formal de psicología en Leipzig, Alemania, fue probablemente el mismo año en que el poeta más grande de la historia de nuestra lengua le dedicara, sin saberlo, esta estrofa a él y a sus herederos:

Y si acaso sin sangre hacerse puede,
Hágase… clávalos, clávalos
En el horcón más alto del camino
Por la mitad de la villana frente.
A la grandiosa humanidad traidores,
Como implacable obrero
Que un féretro de bronce clavetea,
Los que contigo
Se parten la nación a dentelladas.

José Martí

5 pensamientos en “Hay una raza vil… decía Martí

  1. Me encantó tu comentario aunque creo que si bien Martí fue un gran poeta, no es el más grande…el más grande no existe…a ese nivel todos son los mas grandes…Neruda, Martí, Quevedo y un laaargo etcétera…arc, Pedro Angel

  2. Miguel, Iván, mleyvaz, gracias por sus comentarios.

    Pedro Ángel, como es un asunto de opinión pura, reafirmo que Martí fue EL MÁS GRANDE. ¡Pero no por eso dejo de estar 100% de acuerdo con lo que dices (especialmente en lo que respecta a Pablito)! ¡¡¡Jajaja!!!! Ya ves, eso es lo bueno de la lógica de valores infinitos en contraposición con la aristotélica. ;-)

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