El reino del revés: Mis 20 años en Scientology (II)

A veces nos damos con la cabeza contra las paredes porque “no nos dimos cuenta a tiempo” de algo muy importante en relación con la vida.

Pasamos por alto algo como una ley elemental de la supervivencia, del orden de “el lugar apropiado de los deditos es lejos de la pata de la mecedora” y lamentamos no haber prestado mayor atención a aquellos datos muy simples pero muy claves que nuestros padres se empeñaron infructuosamente durante décadas en hacernos comprender. Y es así que esos fragmentos invaluables de conocimiento, sólo la vida –a cabezazo limpio– logra enseñarnos, a menos que tengamos la inmensa fortuna de encontrarnos con Scientology.

Pero la verdad es que no puede ser de otro modo. No mientras sigamos siendo los locos habitantes del Reino del Revés. O al menos esa fue una conclusión a la que llegué hace mucho tiempo.

Una y otra y otra y otra vez, nacemos, fingimos vivir y parecemos morir en este reino, donde todo es lo contrario de lo que debería.

Y estamos tan acostumbrados a vivir cabeza abajo que cuando se nos acerca alguien “al derecho” sucede que entendemos “al revés” todo lo que nos dice. Y lo más trágico —tragicómico si es que estamos de buen humor— es que ni cuenta nos damos y seguimos cabeza abajo, tan campantes.

Comprender esto, fue para mí uno de los mayores shocks de mis 20 años en Scientology. Y no era para menos. Ocurrió cuando me di cuenta repentinamente que acababa de leer al revés una de estas leyes vitales.

Comprendí que no sólo la estaba “entendiendo” al revés, no sólo la “estaba usando en la vida” al revés, sino que hasta ¡acababa de leerla al revés, ahora que Ronald me la escribía como era, al derecho!

Se trataba de uno de estos datos vitales que dice algo como esto:

“Cuando una persona te trata mal o habla mal de ti es por todo el daño que te ha hecho.”

Yo leí: “es por todo el daño que le has hecho.”

Así de simple. La leí, automáticamente, al revés.

Porque es lo que nos enseña El Reino del Revés: alguien te critica y te destroza a tus espaldas; así que tú debes haberle hecho algo muy, muy, pero muy malo….

¡Ja! ¡Claro que no! ¡¡¡Es al revés!!!! ¡Es esa persona la que te lo ha hecho a ti! (Por cierto, aquí está la descripción completa de este engañoso mecanismo.)

Comprender que había estado la mayor parte del tiempo “cabeza abajo” supuso un cambio radical en mi punto de vista sobre la vida, por lo cual nunca podré agradecer lo suficiente a LRH.

Es casi seguro que a ti también te ha pasado alguna vez: de pronto se te encienden todas las luces, y te das cuenta de algo que habías estado viendo toda tu vida “al revés”. Y es posible que te vuelva a pasar. Espero que, así sea. Así que cuando ocurra, no seas demasiado duro contigo mismo. No te des con la cabeza contra las paredes, aunque sé por experiencia que a veces éste es el primer e irresistible impulso. Más bien siéntete feliz y aliviado de haber atisbado, aunque sea por escasos segundos, la visión esplendorosa del mundo al derecho: con los pies bien firmes en la tierra y la cabeza (y el corazón) bien firmes en tus sueños.

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8 pensamientos en “El reino del revés: Mis 20 años en Scientology (II)

  1. Darse de cabeza contra las paredes es justo y necesario en estas ocasiones. Mientras no te la rompas.Una vez repuesto del shock hay que tener la valentía de seguir por el camino nuevo encontrado.Pienso que en demasiadas ocasiones cerramos los ojos a estos descubrimientos e iluminaciones y nos abandonamos de nuevo en la cómoda senda de no tomar decisiones.Miramos para otro lado y preferimos que nos digan lo que hay que hacer.Si de esta forma nos equivocamos podemos, además, echar la culpa a otros.

  2. Tienes toda la razón, Jusamawi. Requiere de valentía, persistencia y otras cosillas…. pero…. ¿sabes qué? ¡¡¡Hay premio!!! El premio a la valentía es nada menos que la Libertad: obtienes libertad en la medida exacta de tu valentía. :-D

  3. Milla. Me acabo de meter cuatro cabezazos contra la pared.
    Te ruego no seas tan clara y hables tan derecho que me reconozco y me duelo.
    Estupenda lectura, gracias

  4. That is the question.El camino a la libertad es exigente pues nos obliga a ser valientes.Los enemigos son la comodidad y la pereza.Uno exige actuar, el otro dejar de hacerlo.Uno decidir, otro que decidan por nosotros.Siempre es mejor ser un lobo solitario pero valiente que un perro pachón domesticado.

  5. Pilinguiña, lamento los cabezazos, parecen estar a la orden del día últimamente…. ooouch! ¡De nada, eres muy bienvenida aquí! :-D

    Jusamawi, lo “fácil y placentero y relajado” del camino de la “comodidad” y la pereza es sólo una ilusión. Sólo te parece fácil si estás cabeza abajo. Cuando nos enderezamos somos naturalmente cada vez más valientes. ¡Vivan los lobos!

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