Los “trastornos” NO son enfermedades

El video más reciente de nuestro Canal de Youtube, recién salido del horno de la subtitulación para ustedes. Por favor promuévanlo por todos los medios a su alcance.

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Trastornos psiquiátricos: Los hechos detrás de la campaña millonaria de marketing

A continuación, les presentamos la traducción íntegra de una página publicada originalmente por la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos Internacional –CCHR Int como soporte de su muy exitoso video Etiquetas psiquiátricas de trastornos inventados.


20 millones de niños son etiquetados con “trastornos mentales” que se basan únicamente en una lista de comportamientos. No hay escáneres cerebrales, radiografías, pruebas genéticas ni de sangre que demuestren que son enfermos mentales. Sin embargo, a estos niños se les prescriben drogas psiquiátricas peligrosas que ponen en riesgo su vida.

La droga infantil es una industria de 4.8 mil millones dólares al año.

1. No existen pruebas que puedan demostrar que los “trastornos” mentales son condiciones médicas. El diagnóstico psiquiátrico se basa únicamente en la opinión.

La psiquiatría y la industria farmacéutica gastan miles de millones de dólares al año con el fin de convencer al público, a los legisladores y a la prensa que los trastornos psiquiátricos —como el trastorno bipolar, la depresión, el trastorno de déficit de atención (ADD/ADHD), el trastorno de estrés postraumático, etc.— son enfermedades, iguales que las condiciones médicas verificables, como el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardíacas. Sigue leyendo

¡Casi 300 mil visitas!

El video de las etiquetas psiquiátricas de “trastornos” inventados que subtitulamos hace 3 meses, lleva casi 300 mil visitas en nuestro canal de YouTube. Si aún no lo has visto, no te lo pierdas, si aún no lo has comentado, hazlo ahora. Y si aún no has visto el fantástico “tras bambalinas” ¡pues aquí lo tienes!

25 buenas razones para abolir la psiquiatría

Reproducimos en español, esta declaración de la autoría de Don Weitz, sobreviviente de la psiquiatría y activista por 24 años en el movimiento de liberación de la psiquiatría. Fue publicada originalmente en el blog del CCHR Int —Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos Internacional —, el 21 de Marzo de 2011. El original, en inglés, lo encuentras en este enlace.
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El propósito de la educación

Aprendizaje
Foto: Father and son surf lesson, por mikebaird.

Las reflexiones, datos y opiniones en este artículo, son fruto de mi aprendizaje, observación de varias décadas, en cuanto a mi propia experiencia en el campo de la educación, como estudiante, como profesora universitaria y como facilitadora de la Tecnología Hubbard de Estudio, habiendo entrenado a más de 2,300 maestros y a un gran número de estudiantes.
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Creo sinceramente que la educación cuando las personas de mi generación íbamos al colegio (en los 60 y 70s) era mucho mejor, en términos cualitativos, que la actual. Nuestros maestros, nuestros padres y nuestros abuelos nos enseñaban y la inmensa mayoría de nosotros, aprendíamos. Tan simple como eso. Había problemas, sí, había maestros y estudiantes excelentes, otros promedio y otros realmente malos, es cierto. Pero en la gran mayoría de los casos, había resultados.

Es cierto que en la actualidad se ha hecho toda clase de avances en cuanto al alcance de la educación (como derecho al que se obliga a los países a garantizar a toda la población mediante tratados, restricciones y sanciones) y en cuanto al “nivel tecnológico” de la enseñanza, por ejemplo respecto a medios audiovisuales y digitales y, naturalmente, a la existencia de la parte positiva de Internet. Pero ninguna de estas cosas suple la falta de un método de enseñanza funcional, es decir, que produzca resultados. Y voy más allá, en algunos casos, ni siquiera complementa un buen método educativo, en los contados casos en que existe. Hace todos esos años atrás, había incontables maestros y profesores que creían honestamente que el éxito era posible en la formación de los hombres y mujeres del futuro. Y en los años de nuestros padres y abuelos, eran aún más numerosos. Hasta mi época (estoy convencida de que mi generación se salvó por un pelo), personas que dedicaban gustosamente su vida entera, todo su esfuerzo y su atención a la tarea de enseñar no eran la excepción, sino la regla. Hasta Hollywood los reconocía como ejemplos y por los años sesenta hubo varias películas del tipo de Adiós Mr. Chips. Hoy, profesores como ese son considerados en el mejor de los casos como ilusos, utópicos, “desvergonzadamente sentimentales” (como lo califica la Wikipedia) o en el peor, en el más extendido, como ridículos o idiotas fuera de la “realidad”.

Por nuestra parte, los niños íbamos a la escuela sabiendo que aprenderíamos algo si no útil, al menos con cierto grado de importancia para algo llamado “futuro” y, por qué no, acompañado de suficiente diversión. Personalmente, recuerdo haber experimentado muchas veces, camino al colegio, esa sensación similar al orgullo de saber que estamos haciendo lo correcto: no sólo lo que se espera de nosotros, sino lo que nosotros mismos hemos asumido como deber y a lo que hemos asignado un nivel alto de importancia. Recuerdo el sentimiento con gran claridad. Había cierto énfasis, tanto en la casa como en la escuela de traspasar valores a la generación siguiente, de la única forma en que este traspaso puede llevarse a cabo: a través de la demostración del ejemplo que acompaña a la teoría. Aprendimos a leer con viejos silabarios en blanco y negro, quizá impresos en papel periódico, y la ayuda de métodos inventados por nuestros padres. Y aprendíamos de verdad a leer y a escribir: podíamos entonces leer y escribir y lo hacíamos, porque el propósito compartido era que aprendiéramos.

Hoy, los problemas comienzan desde la alfabetización. Los textos son hermosísimos, carísimos, en papel satinado a full color y con multimedia incluido, pero el propósito es otro, completamente distinto. Los niños que no tienen la suerte de tener un padre o una madre interesada en que lo hagan, nunca aprenden siquiera a leer y arrastran para siempre no sólo esa carencia educacional (que por lo demás es fácilmente subsanable), sino la consideración de la propia capacidad y valía como insuficientes. Esto es ya más difícil de contrarrestar y sus consecuencias son devastadoras en la vida, no sólo para ellos mismos, sino para quienes les rodean.

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué esta corrupción acelerada del sistema educativo en los últimos 40 años? Es muy simple. Ha cambiado el propósito de la educación.

En los años 60 la psicología comenzó a hacerse cargo, en unos países antes que en otros, tanto del currículum como de los métodos educativos. Comenzaron eliminando lo que llamaban “fuentes de stress”: la reprobación escolar, el currículum centrado en lo académico y los procedimientos disciplinarios; y fueron desapareciendo del mapa, al mismo tiempo, todo rastro de educación en valores y cualquier posible interés en la trascendencia humana, a través de lo que llaman “socialización”, “educación sexual” e incluso “prevención” de drogas. En los últimos veinte años, la psiquiatría la acompaña con el consecuente empeoramiento acelerado, no sólo de todo el sistema educativo, sino de las instituciones estrechamente vinculadas con él; una de ellas, la familia. Los colegios y escuelas han dejado de ser centros educativos para convertirse en laboratorios de “salud” mental. Los alumnos han dejado de ser estudiantes para convertirse en pacientes. Los niños son etiquetados con “trastornos” inventados sólo para lucrar ya sabemos a quiénes y hoy en día, al menos en Estados Unidos, hay más estudiantes que encajan en alguno de estos “síndromes”, “trastornos” y “déficits” que los que se consideran normales.

Si yo hubiera cometido el grave error de venir al mundo 20 años después, con toda seguridad habría ejemplificado, al igual que prácticamente todos mis amigos, un caso de “necesaria medicación” y hoy seríamos zombies, por completo inutilizados para vivir, para producir, para crear. Esto, claro está, en caso de que no acabáramos volándonos la tapa de los sesos, luego de un delicioso viaje de Prozac, seguido de acribillar desde el tejado a la mitad de la población escolar de nuestro “centro de formación”….

Sé que mucho de lo que digo suena exagerado. Que, debe considerarse que hay “casos y casos”. Que la realidad es “más compleja” que como yo la planteo (posiblemente, esta frase sea nada menos que el lema –mínimamente, el mantra sagrado– de la psicología, traspasado con gran éxito a todo el campo de las ciencia sociales). Tal vez hasta pase por la mente de algún lector el segundo planteamiento favorito de los psicólogos: “no se trata de un asunto de buenos y malos, ya que para empezar no existen tales cosas como el bien y el mal”… Pero la verdad es que no espero en absoluto que nadie crea ni una sola palabra de este artículo. Pero sí espero que los lectores se informen, por sus propios medios y por su propio bien y el de sus hijos.

Cualquier grado de educación, de transmisión del conocimiento, es posible cuando la verdadera intención es la de educar, la de hacer que otra persona sea un poco mejor, un poco más capaz, más independiente, más autodeterminada. Claro que esto requiere, cómo no, de un grado mínimo de confianza en el ser humano: necesitamos estar libres, al menos hasta un punto, del terror a ser dolorosamente despedazados por quienes estamos intentando hacer más capaces.

Dependiendo de las herramientas que utilicemos y de la inteligencia –o del arte, como bien dice un querido amigo mío– del maestro, podremos obtener más o menos resultados, pero siempre los obtendremos.

Sin embargo, cuando el verdadero propósito es reducir al ser humano, degradarlo a la categoría de un puñado de elementos químicos en combustión y de reacciones eléctricas; cuando nuestra confianza y nuestro respeto por él son inexistentes; cuando le consideramos menos que una bestia salvaje plagada de instintos animales incontrolables (y en esto, por cierto, funciona maravillosamente bien aquello de que “el ladrón juzga por su condición”), estos resultados simplemente no se pueden conseguir. Sólo obtenemos degradación de nuestra cultura, de nuestra especie, de nuestra civilización… de lo que aún persiste de ella.

Así, resulta que hay algo todavía por encima de la educación, que por sí sola determina no sólo su éxito o su fracaso y, por tanto, el de todas las empresas humanas. Es la concepción filosófica que tenemos sobre el Hombre… y su circunstancia.


Entradas relacionadas:
¿Qué es un profesor?
Por qué “no queremos” a la Psiquiatría (III)
La naturaleza humana: ¿buena o perversa?

Más información sobre psicología y psiquiatría en los sistemas educativos. (PDF)

Otra matanza inducida por antidepresivos

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Foto: Brother, por Linuz.

Nuestros amigos de la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos (CCHR) de Saint Louis nos envían abundante información sobre la más reciente tragedia en Omaha.
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¿Cuántas masacres más inducidas por antidepresivos se necesitarán para una investigación federal?

Por el CCHR Saint Louis

Robert Hawkins, de 19 años, que el 5 de diciembre mató a ocho personas e hirió a cinco antes de suicidarse en un centro comercial de Omaha, en el Estado de Nebraska, es el más reciente asesino joven bajo la influencia de las drogas psiquiátricas.

Quienes carecen de la habilidad de observación aguda culpan rápidamente a la posesión de armas por esta tragedia, pero quienes están familiarizados con las historias de tales actos inmediatamente reconocen una conexión más siniestra: historia de tratamiento con las drogas psiquiátricas para la depresión y ADHD.

Existe documentación más que suficiente sobre el hecho que estas drogas producen violencia, manía, psicosis, suicidio y “visualizaciones homicidas.” Luego de los diez últimos tiradores en escuelas bajo influencia de drogas psiquiátricas, el Comité de Vigilancia en Salud Mental del CCHR afirma que el gobierno no puede continuar ignorando la violencia a la que inducen los efectos de estas drogas y debe lanzar una investigación federal. En vista de los 39 muertos y 84 heridos producto sólo de estos diez recientes tiroteos, el CCHR produjo una serie de tres alarmantes anuncios de servicio público, llamada “Entérate de los hechos. Contraataca”, presentando las consecuencias de violencia y suicidios inducidos por las drogas psiquiátricas prescritas a niños y adolescentes.

El comité sostiene que la evidencia de que estas drogas causan violencia, y homicidio es abrumadora, sin embargo se ignora a causa de jugosos beneficios de la psiquiatría y las compañías farmacéuticas, que sólo en el año pasado alcanzaron mundialmente la suma de 20 mil 600 millones de dólares.

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De acuerdo a una publicación de El País, tres años atrás la psiquiatría exigía “más estudios” para probar el lazo entre la violencia y las drogas que ellos prescriben. Su atrevimiento es increíble, ellos que jamás han hecho un estudio para probar la existencia de los desbalances químicos que estas drogas supuestamente resuelven, tienen la desvergüenza de pedirlos a otros.

Sin embargo, aparentemente, se les cumplieron sus deseos. Al menos en Estados Unidos. Ya que ahora, luego de otros numerosos estudios no sólo los medicamentos peligrosos llevan la etiqueta negra de advertencia que reseña el artículo de El País, sino que acaba de promulgarse la ley que obliga a todos los anuncios de medicamentos a llevar un aviso visible que dice: “Se le anima a reportar a la FDA los efectos secundarios negativos de medicamentos prescritos”, con una dirección y teléfono para hacerlo.

Más información (en inglés) sobre el caso de Hawkins y los anteriores en este detallado artículo de Mike Adams .

Entradas relacionadas:

  • La personalidad química (Sobre la matanza de Virginia)
  • Por qué “no queremos” a la Psiquiatría (I)
  • Por qué “no queremos” a la Psiquiatría (II)
  • Por qué “no queremos” a la Psiquiatría (III)
  • Por qué “no queremos” a la Psiquiatría (IV)
  • Videoclip: La industria de la muerte
  • DVD Psiquiatría: industria de la muerte
  • La psiquiatría ES una pseudo-ciencia
  • Proyecto de ley sobre la FDA ¡promulgado!

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    Foto: My Place, © Camerahunk

    Aunque sucedió casi de inmediato, no lo habíamos anunciado y así el ciclo no estaba cerrado en cuanto a nuestro Blog concierne. La Enmienda H.R. 3580 al Decreto de 2007 sobre la FDA que fuera enviada para la firma del Presidente, fue ratificada 7 días después y ya es una ley en los Estados Unidos.

    Esto significa, entre otras medidas, que todos los anuncios de medicamentos llevarán ahora un aviso visible que dice: “Se le anima a reportar a la FDA los efectos secundarios negativos de medicamentos prescritos”, con una dirección y teléfono para hacerlo. Hasta ahora, más del 90% de los estadounidenses no sabía que podía pasar por alto a su médico o psiquiatra e informar a la FDA sobre reacciones adversas a los medicamentos.

    Muy bien hecho al CCHR y la al equipo de padres y denunciantes que con su esfuerzo y persistencia llevaron este caso hasta un final exitoso.

    La FDA: de monitor pasivo a detective activo

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    Foto: Capitol, por iessi, bajo licencia CC: A.
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    La semana pasada recibimos esta estupenda noticia a través de nuestros amigos de la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos —CCHR de St. Louis y su boletín de noticias Big Muddy River News. No obstante, ¡ojo! podemos celebrar ¡y celebramos! pero no podemos echarnos a dormir. Porque al final, la nota del CCHR St. Louis presenta una alerta bastante escalofriante. Y como ocurre con la mayor parte de estas situaciones, aquello que es noticia hoy en los Estados Unidos, podemos esperar que ocurra con toda seguridad, en un tiempo cada vez menor, en nuestros países latinoamericanos. Como ocurre en la actualidad por ejemplo con el Ritalin en nuestras escuelas. Por esta razón, si piensas algo como “Menos mal que esto no sucede en mi país”…. ¡Piénsalo otra vez!
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    El pasado jueves 20 de Septiembre, el Congreso de los Estados Unidos dio la aprobación final a la legislación diseñada para transformar la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) de monitor pasivo a detective activo en busca de medicamentos aprobados para la venta pero que resultan ser peligrosos.

    La Enmienda H.R. 3580 al Decreto de 2007 sobre la FDA fue aprobada por consentimiento unánime en el Senado Luego de que Cámara de Diputados la aprobara de forma aplastante el día anterior, y el proyecto de Ley se ha enviado para la firma del Presidente.

    Gracias por apoyar CCHR, y a sus aliados a alcanzar lo que los medios están anunciando como “la legislación sobre seguridad de los medicamentos más significativa en más de 40 años”.

    Superando obstáculos increíbles y trabajando con muchos grupos de padres y consumidores, así como con denunciantes, en pocas palabras esto es parte de lo que hemos logrado:

    • Los anuncios de medicamentos llevarán ahora un aviso visible que dice: “Se le anima a reportar a la FDA los efectos secundarios negativos de medicamentos prescritos. Visite http://www.fda.gov/medwatch o llame al 1-800-FDA-1088.” Hasta ahora, más del 90% de los estadounidenses no sabía que podía pasar por alto a su médico o psiquiatra e informar a la FDA sobre reacciones adversas a los medicamentos (ya que los médicos y psiquiatras informan apenas entre el 1 y el 10 por ciento de los efectos secundarios). El dar el poder a la gente para reportar por sí mismos los efectos secundarios podría hacer que estos informes aumenten 100 veces! ¡Y se deberán asignar 225 millones de dólares para asegurar que la FDA supervisa las reacciones adversas y actúa en consecuencia!
    • Las compañías farmacéuticas deben ahora anunciar públicamente en Internet todos los resultados —buenos, malos y feos— de sus pruebas clínicas de los medicamentos. Ya no podrán seleccionar de lo que quieren que usted se entere. El anuncio incluirá un glosario que explica los términos técnicos para asegurarse que cualquier persona pueda comprender la información y que ésta no pueda volverse engañosa o malentendida.
    • Si cualquier fabricante de medicamentos publica información falsa sobre un ensayo clínico, la FDA publicará un aviso estableciendo: “Se ha descubierto que el presente artículo sobre pruebas clínicas es falso o engañoso y por lo tanto no está en conformidad con la ley”.
    • La FDA debe ahora supervisar los anuncios de medicamentos y si son falsos o engañosos, puede multar al fabricante hasta por 10 millones de dólares.

    Lo más eficaz que ustedes deben continuar haciendo —especialmente porque el proyecto de ley ahora tiene que ser ratificado como ley— es apoyar al CCHR y la “milicia” de padres y denunciantes que regresan a Washington para la siguiente fase.

    Éste no es el momento de dormirnos en nuestros laureles. El Proyecto de Ley de las Madres (Mother’s Act, el Proyecto de Ley de Oportunidad a las Mamás de Acceso a la Salud, Educación, Investigación, y Ayuda para la Depresión Postparto) tiene que ser detenido ya que de ser aprobado dará lugar a que se prescriba a las embarazadas antidepresivos peligrosos u otras drogas psiquiátricas durante o después del embarazo. Se trata de la tentativa de la industria psiquiátrica de recuperar mercados perdidos. Desean obtener poder legislativo para someter a las futuras madres y a las que acaban de dar a luz a revisiones “médicas” para “detectar enfermedades mentales” y, en última instancia, drogarlas a ellas y a sus fetos o recién nacidos —con lo cual se obtiene una generación futura ya adicta a las drogas incluso desde antes de comenzar a vivir.

    Pueden ver que su apoyo al CCHR está logrando RESULTADOS. Por favor continúen apoyando al CCHR con sus donaciones y sus esfuerzos voluntarios.