Los “trastornos” NO son enfermedades

El video más reciente de nuestro Canal de Youtube, recién salido del horno de la subtitulación para ustedes. Por favor promuévanlo por todos los medios a su alcance.

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Trastornos psiquiátricos: Los hechos detrás de la campaña millonaria de marketing

A continuación, les presentamos la traducción íntegra de una página publicada originalmente por la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos Internacional –CCHR Int como soporte de su muy exitoso video Etiquetas psiquiátricas de trastornos inventados.


20 millones de niños son etiquetados con “trastornos mentales” que se basan únicamente en una lista de comportamientos. No hay escáneres cerebrales, radiografías, pruebas genéticas ni de sangre que demuestren que son enfermos mentales. Sin embargo, a estos niños se les prescriben drogas psiquiátricas peligrosas que ponen en riesgo su vida.

La droga infantil es una industria de 4.8 mil millones dólares al año.

1. No existen pruebas que puedan demostrar que los “trastornos” mentales son condiciones médicas. El diagnóstico psiquiátrico se basa únicamente en la opinión.

La psiquiatría y la industria farmacéutica gastan miles de millones de dólares al año con el fin de convencer al público, a los legisladores y a la prensa que los trastornos psiquiátricos —como el trastorno bipolar, la depresión, el trastorno de déficit de atención (ADD/ADHD), el trastorno de estrés postraumático, etc.— son enfermedades, iguales que las condiciones médicas verificables, como el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardíacas. Sigue leyendo

El propósito de la educación

Aprendizaje
Foto: Father and son surf lesson, por mikebaird.

Las reflexiones, datos y opiniones en este artículo, son fruto de mi aprendizaje, observación de varias décadas, en cuanto a mi propia experiencia en el campo de la educación, como estudiante, como profesora universitaria y como facilitadora de la Tecnología Hubbard de Estudio, habiendo entrenado a más de 2,300 maestros y a un gran número de estudiantes.
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Creo sinceramente que la educación cuando las personas de mi generación íbamos al colegio (en los 60 y 70s) era mucho mejor, en términos cualitativos, que la actual. Nuestros maestros, nuestros padres y nuestros abuelos nos enseñaban y la inmensa mayoría de nosotros, aprendíamos. Tan simple como eso. Había problemas, sí, había maestros y estudiantes excelentes, otros promedio y otros realmente malos, es cierto. Pero en la gran mayoría de los casos, había resultados.

Es cierto que en la actualidad se ha hecho toda clase de avances en cuanto al alcance de la educación (como derecho al que se obliga a los países a garantizar a toda la población mediante tratados, restricciones y sanciones) y en cuanto al “nivel tecnológico” de la enseñanza, por ejemplo respecto a medios audiovisuales y digitales y, naturalmente, a la existencia de la parte positiva de Internet. Pero ninguna de estas cosas suple la falta de un método de enseñanza funcional, es decir, que produzca resultados. Y voy más allá, en algunos casos, ni siquiera complementa un buen método educativo, en los contados casos en que existe. Hace todos esos años atrás, había incontables maestros y profesores que creían honestamente que el éxito era posible en la formación de los hombres y mujeres del futuro. Y en los años de nuestros padres y abuelos, eran aún más numerosos. Hasta mi época (estoy convencida de que mi generación se salvó por un pelo), personas que dedicaban gustosamente su vida entera, todo su esfuerzo y su atención a la tarea de enseñar no eran la excepción, sino la regla. Hasta Hollywood los reconocía como ejemplos y por los años sesenta hubo varias películas del tipo de Adiós Mr. Chips. Hoy, profesores como ese son considerados en el mejor de los casos como ilusos, utópicos, “desvergonzadamente sentimentales” (como lo califica la Wikipedia) o en el peor, en el más extendido, como ridículos o idiotas fuera de la “realidad”.

Por nuestra parte, los niños íbamos a la escuela sabiendo que aprenderíamos algo si no útil, al menos con cierto grado de importancia para algo llamado “futuro” y, por qué no, acompañado de suficiente diversión. Personalmente, recuerdo haber experimentado muchas veces, camino al colegio, esa sensación similar al orgullo de saber que estamos haciendo lo correcto: no sólo lo que se espera de nosotros, sino lo que nosotros mismos hemos asumido como deber y a lo que hemos asignado un nivel alto de importancia. Recuerdo el sentimiento con gran claridad. Había cierto énfasis, tanto en la casa como en la escuela de traspasar valores a la generación siguiente, de la única forma en que este traspaso puede llevarse a cabo: a través de la demostración del ejemplo que acompaña a la teoría. Aprendimos a leer con viejos silabarios en blanco y negro, quizá impresos en papel periódico, y la ayuda de métodos inventados por nuestros padres. Y aprendíamos de verdad a leer y a escribir: podíamos entonces leer y escribir y lo hacíamos, porque el propósito compartido era que aprendiéramos.

Hoy, los problemas comienzan desde la alfabetización. Los textos son hermosísimos, carísimos, en papel satinado a full color y con multimedia incluido, pero el propósito es otro, completamente distinto. Los niños que no tienen la suerte de tener un padre o una madre interesada en que lo hagan, nunca aprenden siquiera a leer y arrastran para siempre no sólo esa carencia educacional (que por lo demás es fácilmente subsanable), sino la consideración de la propia capacidad y valía como insuficientes. Esto es ya más difícil de contrarrestar y sus consecuencias son devastadoras en la vida, no sólo para ellos mismos, sino para quienes les rodean.

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué esta corrupción acelerada del sistema educativo en los últimos 40 años? Es muy simple. Ha cambiado el propósito de la educación.

En los años 60 la psicología comenzó a hacerse cargo, en unos países antes que en otros, tanto del currículum como de los métodos educativos. Comenzaron eliminando lo que llamaban “fuentes de stress”: la reprobación escolar, el currículum centrado en lo académico y los procedimientos disciplinarios; y fueron desapareciendo del mapa, al mismo tiempo, todo rastro de educación en valores y cualquier posible interés en la trascendencia humana, a través de lo que llaman “socialización”, “educación sexual” e incluso “prevención” de drogas. En los últimos veinte años, la psiquiatría la acompaña con el consecuente empeoramiento acelerado, no sólo de todo el sistema educativo, sino de las instituciones estrechamente vinculadas con él; una de ellas, la familia. Los colegios y escuelas han dejado de ser centros educativos para convertirse en laboratorios de “salud” mental. Los alumnos han dejado de ser estudiantes para convertirse en pacientes. Los niños son etiquetados con “trastornos” inventados sólo para lucrar ya sabemos a quiénes y hoy en día, al menos en Estados Unidos, hay más estudiantes que encajan en alguno de estos “síndromes”, “trastornos” y “déficits” que los que se consideran normales.

Si yo hubiera cometido el grave error de venir al mundo 20 años después, con toda seguridad habría ejemplificado, al igual que prácticamente todos mis amigos, un caso de “necesaria medicación” y hoy seríamos zombies, por completo inutilizados para vivir, para producir, para crear. Esto, claro está, en caso de que no acabáramos volándonos la tapa de los sesos, luego de un delicioso viaje de Prozac, seguido de acribillar desde el tejado a la mitad de la población escolar de nuestro “centro de formación”….

Sé que mucho de lo que digo suena exagerado. Que, debe considerarse que hay “casos y casos”. Que la realidad es “más compleja” que como yo la planteo (posiblemente, esta frase sea nada menos que el lema –mínimamente, el mantra sagrado– de la psicología, traspasado con gran éxito a todo el campo de las ciencia sociales). Tal vez hasta pase por la mente de algún lector el segundo planteamiento favorito de los psicólogos: “no se trata de un asunto de buenos y malos, ya que para empezar no existen tales cosas como el bien y el mal”… Pero la verdad es que no espero en absoluto que nadie crea ni una sola palabra de este artículo. Pero sí espero que los lectores se informen, por sus propios medios y por su propio bien y el de sus hijos.

Cualquier grado de educación, de transmisión del conocimiento, es posible cuando la verdadera intención es la de educar, la de hacer que otra persona sea un poco mejor, un poco más capaz, más independiente, más autodeterminada. Claro que esto requiere, cómo no, de un grado mínimo de confianza en el ser humano: necesitamos estar libres, al menos hasta un punto, del terror a ser dolorosamente despedazados por quienes estamos intentando hacer más capaces.

Dependiendo de las herramientas que utilicemos y de la inteligencia –o del arte, como bien dice un querido amigo mío– del maestro, podremos obtener más o menos resultados, pero siempre los obtendremos.

Sin embargo, cuando el verdadero propósito es reducir al ser humano, degradarlo a la categoría de un puñado de elementos químicos en combustión y de reacciones eléctricas; cuando nuestra confianza y nuestro respeto por él son inexistentes; cuando le consideramos menos que una bestia salvaje plagada de instintos animales incontrolables (y en esto, por cierto, funciona maravillosamente bien aquello de que “el ladrón juzga por su condición”), estos resultados simplemente no se pueden conseguir. Sólo obtenemos degradación de nuestra cultura, de nuestra especie, de nuestra civilización… de lo que aún persiste de ella.

Así, resulta que hay algo todavía por encima de la educación, que por sí sola determina no sólo su éxito o su fracaso y, por tanto, el de todas las empresas humanas. Es la concepción filosófica que tenemos sobre el Hombre… y su circunstancia.


Entradas relacionadas:
¿Qué es un profesor?
Por qué “no queremos” a la Psiquiatría (III)
La naturaleza humana: ¿buena o perversa?

Más información sobre psicología y psiquiatría en los sistemas educativos. (PDF)

Es recetada… pero ¿es necesaria?


Foto: Overdose, © de rkr806.

Este magnífico artículo a continuación, reproducido en nuestro idioma con permiso de su autor, fue publicado en inglés hace 2 semanas en la sección Hernando Today, del periódico Tampa Tribune. Su autor, el Dr. Domenick J. Maglio, Ph.D., es también autor de los libros “La Invasión desde Adentro” y “Paternidad Esencial.” Es psicoterapeuta y propietario/director del Wider Horizons School. Lo presentamos en Clear Santo Domingo! para su referencia, e incluímos dos de las repuestas de los lectores que consideramos como aporte al propio artículo. Sólo faltan las de ustedes.
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Una Nación Drogada No Es Saludable

Por Dr. Domenick J. Maglio, Ph.D.

La mayor parte de los estadounidenses está demasiado ocupada en su vida cotidiana, para hacer frente a lo obvio: somos una sociedad dependiente de las drogas. Estamos en guerra contra las drogas sólo a medias. La consigna “Simplemente Di No” debería dirigirse no sólo a las drogas de la calle, sino a todas las drogas perjudiciales, incluyendo aquellas prescritas.

Hay poca diferencia ética o moral entre un traficante que seduce a los niños en el patio de la escuela para que compren la droga más de moda para “sentirse bien” y la industria médica/farmacéutica que dispensa medicación antipsicótica a niños pequeños. La droga de la calle y la de prescripción hundirán al niño en la misma trayectoria de dependencia química, que acaba por convertirlo en un simple receptor, en lugar de alguien que aporta a la sociedad.

Según la Encuesta Nacional sobre Drogas en Adolescentes, publicada el 11 de diciembre [de 2007] por la Casa Blanca, los adolescentes están cambiando las drogas callejeras por drogas de prescripción como OxyContin y Vicodin. El estudio, conducido por el Instituto de Investigación Social de la universidad de Michigan, encontró una ligera disminución del consumo de marihuana y de otras drogas de la calle y un aumento en las drogas de prescritas. John Walters, director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas, dijo que “el 71% de gente joven ha reportado que su fuente de suministro es el botiquín de los padres o amigos.”
Fuente: Artículo “Estudio encuentra que los adolescentess fuman menos yerba, pero consumen más píldoras“, por Theo Milonopoulos, publicado en Tampa Tribune, el 12 de diciembre [de 2007].

Habla muy mal de nuestra nación el que el Center of Medicare y el Medicaid afirmen que al 21% de los pacientes de casas de reposo para ancianos que están en tratamiento con antipsicóticos prescritos “off label” [fármacos prescritos para una patología distinta a la aprobada para el fármaco], no tienen un diagnóstico de psicosis.
Fuente: Artículo “Casas de reposo callan a los ancianos con drogas antipsicóticas“, por Lucette Lagnado, publicado en Tampa Tribune, el 7 de diciembre [de 2007].

Medicar a seres humanos de cualquier edad para inducir docilidad es inhumano. Sin embargo, es aún más trágico cuando se trata de niños a quienes se administran antipsicóticos “off label”, ya que ellos tienen toda una vida por delante.

Aunque el humor infantil fluctúa naturalmente entre risas y llantos, se les está prescribiendo medicación antipsicótica “off label” desde que comienzan a caminar. Antes de los años 90, entre los profesionales de la salud mental era generalmente aceptado como ilógico y poco ético el etiquetar a un niño con un desorden bipolar. Y ciertamente, drogar a un niño con antipsicóticos se consideraba contrario al principio hipocrático de “apartarlos [a los enfermos] del perjuicio y el terror”. Ayudar a las casas de reposo a controlar a los ancianos y a los padres a controlar a sus niños no es menos malo que enjaularlos en nombre del control.

Nuestra sociedad se ha vuelto más que tolerante hacia la droga, nos hemos convertido en una sociedad narcotizada. Los anuncios de medicamentos dominan las revistas femeninas y los comerciales de televisión. Usted tiene que esperar una hora sólo para que se le llene una prescripción. Las drogas recreativas de las celebridades de Hollywood, los “roides” de los ídolos deportivos, los estimulantes sexuales para cualquier persona, los antisicóticos para controlar el comportamiento de ancianos y niños, todo indica que las drogas han impregnado cada segmento de nuestra sociedad. El uso de productos químicos en la vida cotidiana ha cobrado el carácter de una epidemia.

Las drogas pueden aliviar temporalmente un problema particular. Los efectos secundarios en la persona que toma la droga pueden negarse, pero son evidentes en aquellos que nos rodean. El número de personas incapaces de existir sin medicación que altera la mente está destruyendo nuestro poder para ser un pueblo vital, independiente. Una gran cantidad de gente dependiente de la droga, eventualmente se vuelve dependiente de la “red de seguridad” del gobierno. Esto conduce a una sociedad enferma y en declive. Debemos rechazar la forma de vida de las celebridades, la publicidad y a los expertos médico/farmacéuticos, o bien sacrificar al impacto adverso a largo plazo de las drogas a nuestros cuerpos, mentes y espíritus, así como a los de nuestros hijos.

Las alegrías de la vida se experimentan mejor en un estado consciente. Los altibajos de la vida pueden ser dolorosos ocasionalmente, aunque siempre nos proporcionan la oportunidad de aprender cómo manejar mejor el próximo desafío de la vida. Los problemas nunca cesan, las personas saludables simplemente se vuelven mejores en la tarea de solucionarlos.

El pueblo de los Estados Unidos ha creado una reputación de gente ingeniosa, capaz de superar los obstáculos de la vida. No podemos rendir nuestro carácter de gente que persevere hasta lograr que el trabajo se haga. Si nosotros como sociedad continuamos descendiendo por la trayectoria de la droga cuando las cosas se tornan difíciles, acabaremos por olvidar las ventajas, los recursos y la sabiduría que heredamos de nuestros antepasados.

La restauración de nuestro vigor nacional requiere la disciplina de decir “no” a las drogas innecesarias.

Este artículo Una Nación Drogada no es Saludable es de las pocas piezas responsables y honestas en esta edición. Las masas tienen las anteojeras puestas y se los “expertos” les mienten continuamente, y se les escucha admitir una y otra vez que “no saben lo que [la droga]hace”, o “si funciona”, o “cómo funciona”, cuando las prescriben a los niños y a sus padres. ¡Mientras tanto, luego de años de uso y de prescripciones múltiples a un tiempo, estos chicos están muriendo lentamente! Es tan triste… más gente necesita salir y decir YA BASTA. No se trata de fabricar un dólar, ¡se trata de la vida, la supervivencia y la nutrición básicas de los niños, que son EL FUTURO!

La afirmación “Los problemas nunca cesan, las personas saludables simplemente se vuelven mejores en la tarea de solucionarlos.” es muy cierta que y me imagino que la opción es prescribir una droga nueva para cada nueva “dificultad” que uno tiene… Qué sentido tiene vivir si usted ni siquiera está lo suficientemente alerta o consciente como para:

  1. Saber que tiene un problema o desafío;
  2. Tener la oportunidad de encontrar maneras de solucionarlo y de superarlo; y
  3. ¡Permitirse el placer, la alegría y la satisfacción de saber que usted tiene capacidad de hacerlo!

Este artículo y otros similares deberían publicarse en cada revista y en cada mercado a través de los Estados Unidos, hasta que la población despierte y se de cuenta de lo que se le/nos está haciendo. Tammy Strickling

Gracias por artículo del Dr. Maglio, Una Nación Drogada no es Saludable, nadie habría podido decirlo mejor. La reciente muerte del actor Heath Ledger de una aparente sobredosis es apenas una más otra en una larga cadena de muertes y peligros de muerte de celebridades, que involucran drogas peligrosas de prescripción.

A una cantidad demasiado grande de nuestros niños y ancianos se les está prescribiendo antidepresivos y antipsicóticos, innecesariamente. Virtualmente cada adolescente implicado en una de las masacres o suicidios que se producen en escuelas y centros comerciales estaban, según se informa, bajo los efectos de esta clase de medicamentos psiquiátricos.

Tal vez el actor Tom Cruise tuvo razón en sus pronunciamientos en contra de poner a los niños y a las madres que acaban de dar a luz en tratamiento con estas drogas. Él ha tenido que pagar un precio muy alto en los medios, por haber tenido el valor de hablar públicamente contra este asunto, pero no tan alto como el precio que nuestros hijos y nuestros padres están pagando. Ernest R.

Campaña de prevención “Di no a las drogas, di sí a la vida”, nuevo sitio en español

drugfree.jpg La educación tiene un papel vital en la prevención del consumo de drogas. Sin embargo, en muchos de los casos, la forma de hablar a los jóvenes sobre las drogas es desconcertante o parece imposible de comprender o asimilar.

Por esa razón, la Fundación para un mundo Libre de Drogas ha venido realizando en todo el mundo el mayor programa comunitario de educación sobre las drogas.

La Fundación es una organización secular, sin fines de lucro, establecida en California, Estados Unidos. Fue creada para satisfacer la creciente demanda del programa internacional de prevención “Di no a las drogas, di sí a la vida”, que miembros de las iglesias de Scientology –en colaboración con organizaciones comunitarias de diversas religiones, voluntarios, instituciones educativas y agencias de estatales– han estando llevando a cabo alrededor del mundo por más de 20 años. El propósito de la Fundación es dar a conocer los hechos sobre las drogas, de manera que jóvenes y adultos puedan tomar una decisión informada para decir NO, y también ayudar a otros a hacerlo.

Recientemente, encontramos el sitio en español (en realidad ¡en 13 idiomas!) de la Fundación, con el nuevo modelo “Siglo XXI” de presencia en la red, librito en formato Flash y video incluido.

Algunos de los datos que presenta son escalofriantes, en particular para mí lo fue el ver que el metilfenidato (comercializado bajo los nombres de Ritalin, Rubifen o Concerta) está clasificado por la DEA (Administración para el Control de Estupefacientes) de Estados Unidos como narcótico de Clase II, igual que la cocaína, la morfina y las anfetaminas. Esta misma droga se trafica ilegalmente en la calle, por su efecto estimulante; se conoce como “coca de niños”, coca de pobre” o “vitamina R”. ¡¡¡Y esto es lo que los “médicos” están prescribiendo al por mayor a nuestros hijos!!!

Vale la pena no sólo que le dediques entre 1/2 y 1 hora (dependiendo de la velocidad de tu conexión a Internet) a navegar por él, sino que imprimas el librito y lo distribuyas. TODO EL MUNDO tiene a más de un ser querido, que podría ser atrapado en este problema. También puedes escribir para que te envíen más ejemplares… y muchísimas otras cosas que TÚ; sí, TÚ; puedes hacer al respecto.

Considera esta entrada como tu video de los Lunes y ¡no te pierdas este sitio!

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Proyecto de ley sobre la FDA ¡promulgado!

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Foto: My Place, © Camerahunk

Aunque sucedió casi de inmediato, no lo habíamos anunciado y así el ciclo no estaba cerrado en cuanto a nuestro Blog concierne. La Enmienda H.R. 3580 al Decreto de 2007 sobre la FDA que fuera enviada para la firma del Presidente, fue ratificada 7 días después y ya es una ley en los Estados Unidos.

Esto significa, entre otras medidas, que todos los anuncios de medicamentos llevarán ahora un aviso visible que dice: “Se le anima a reportar a la FDA los efectos secundarios negativos de medicamentos prescritos”, con una dirección y teléfono para hacerlo. Hasta ahora, más del 90% de los estadounidenses no sabía que podía pasar por alto a su médico o psiquiatra e informar a la FDA sobre reacciones adversas a los medicamentos.

Muy bien hecho al CCHR y la al equipo de padres y denunciantes que con su esfuerzo y persistencia llevaron este caso hasta un final exitoso.

La FDA: de monitor pasivo a detective activo

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Foto: Capitol, por iessi, bajo licencia CC: A.
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La semana pasada recibimos esta estupenda noticia a través de nuestros amigos de la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos —CCHR de St. Louis y su boletín de noticias Big Muddy River News. No obstante, ¡ojo! podemos celebrar ¡y celebramos! pero no podemos echarnos a dormir. Porque al final, la nota del CCHR St. Louis presenta una alerta bastante escalofriante. Y como ocurre con la mayor parte de estas situaciones, aquello que es noticia hoy en los Estados Unidos, podemos esperar que ocurra con toda seguridad, en un tiempo cada vez menor, en nuestros países latinoamericanos. Como ocurre en la actualidad por ejemplo con el Ritalin en nuestras escuelas. Por esta razón, si piensas algo como “Menos mal que esto no sucede en mi país”…. ¡Piénsalo otra vez!
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El pasado jueves 20 de Septiembre, el Congreso de los Estados Unidos dio la aprobación final a la legislación diseñada para transformar la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) de monitor pasivo a detective activo en busca de medicamentos aprobados para la venta pero que resultan ser peligrosos.

La Enmienda H.R. 3580 al Decreto de 2007 sobre la FDA fue aprobada por consentimiento unánime en el Senado Luego de que Cámara de Diputados la aprobara de forma aplastante el día anterior, y el proyecto de Ley se ha enviado para la firma del Presidente.

Gracias por apoyar CCHR, y a sus aliados a alcanzar lo que los medios están anunciando como “la legislación sobre seguridad de los medicamentos más significativa en más de 40 años”.

Superando obstáculos increíbles y trabajando con muchos grupos de padres y consumidores, así como con denunciantes, en pocas palabras esto es parte de lo que hemos logrado:

  • Los anuncios de medicamentos llevarán ahora un aviso visible que dice: “Se le anima a reportar a la FDA los efectos secundarios negativos de medicamentos prescritos. Visite http://www.fda.gov/medwatch o llame al 1-800-FDA-1088.” Hasta ahora, más del 90% de los estadounidenses no sabía que podía pasar por alto a su médico o psiquiatra e informar a la FDA sobre reacciones adversas a los medicamentos (ya que los médicos y psiquiatras informan apenas entre el 1 y el 10 por ciento de los efectos secundarios). El dar el poder a la gente para reportar por sí mismos los efectos secundarios podría hacer que estos informes aumenten 100 veces! ¡Y se deberán asignar 225 millones de dólares para asegurar que la FDA supervisa las reacciones adversas y actúa en consecuencia!
  • Las compañías farmacéuticas deben ahora anunciar públicamente en Internet todos los resultados —buenos, malos y feos— de sus pruebas clínicas de los medicamentos. Ya no podrán seleccionar de lo que quieren que usted se entere. El anuncio incluirá un glosario que explica los términos técnicos para asegurarse que cualquier persona pueda comprender la información y que ésta no pueda volverse engañosa o malentendida.
  • Si cualquier fabricante de medicamentos publica información falsa sobre un ensayo clínico, la FDA publicará un aviso estableciendo: “Se ha descubierto que el presente artículo sobre pruebas clínicas es falso o engañoso y por lo tanto no está en conformidad con la ley”.
  • La FDA debe ahora supervisar los anuncios de medicamentos y si son falsos o engañosos, puede multar al fabricante hasta por 10 millones de dólares.

Lo más eficaz que ustedes deben continuar haciendo —especialmente porque el proyecto de ley ahora tiene que ser ratificado como ley— es apoyar al CCHR y la “milicia” de padres y denunciantes que regresan a Washington para la siguiente fase.

Éste no es el momento de dormirnos en nuestros laureles. El Proyecto de Ley de las Madres (Mother’s Act, el Proyecto de Ley de Oportunidad a las Mamás de Acceso a la Salud, Educación, Investigación, y Ayuda para la Depresión Postparto) tiene que ser detenido ya que de ser aprobado dará lugar a que se prescriba a las embarazadas antidepresivos peligrosos u otras drogas psiquiátricas durante o después del embarazo. Se trata de la tentativa de la industria psiquiátrica de recuperar mercados perdidos. Desean obtener poder legislativo para someter a las futuras madres y a las que acaban de dar a luz a revisiones “médicas” para “detectar enfermedades mentales” y, en última instancia, drogarlas a ellas y a sus fetos o recién nacidos —con lo cual se obtiene una generación futura ya adicta a las drogas incluso desde antes de comenzar a vivir.

Pueden ver que su apoyo al CCHR está logrando RESULTADOS. Por favor continúen apoyando al CCHR con sus donaciones y sus esfuerzos voluntarios.